Todos hemos pasado por ese instante maravilloso en el que, luego de desempolvar un jean, o una campera, abrimos el bolsillo y.. Tarán! Encontramos ese billete salvador que nos alegra la vida.Ahora, si pocos segundos después de haber festejado a lo loco por tu hallazgo monetario, te das cuenta de que es más falso que Rolex comprado en Once, lo único que podés hacer es sumirte en un pozo depresivo eterno, y dejar que te devoren las garrapatas. O escribir pelotudeces en un blog. Total! En cana no vas a terminar.